domingo, 10 de agosto de 2008

Skate

Esas tardes calurosas de verano eran lo peor, en Ramos las chicharras cantaban, el asfalto de los que vecinos habían dado por llamar “la Gaona” ardía y encima el ruido de los coches. El ventilador de techo y los cubitos adentro de los tapper desparramados por todo el departamento no alcanzaban, así era imposible dormir. Bajo esas condiciones era un verano más, como cualquier otro, pero los vómitos no paraban, los efectos post-quimioterapia conjugados con el calor eran insoportables.
Entre los vómitos y el descanso en la cama escuchaba algo que le llamaba la atención, me preguntaba que era pero yo no sabía. A eso de las tres de la tarde, todas las tardes, ese sueño pesado era interrumpido por un ruido extraño, como lejano que se desplazaba de derecha a izquierda y se terminaba perdiendo. Ella lo escuchaba, la despertaba y volvía retomar el sueño para reponerse.
Cuando se sentía mejor intentó saber que era, lo buscó, pero nada, cuando se asomaba al balcón miraba la avenida pero lograba ver de donde venía.
En medio de todo el proceso de análisis de sangre, defensas bajas, vómitos, reponerse y volver a sentirse demasiado mal, eso le deba como una curiosidad alegre.
Yo también quería saber de dónde venían y en una tarea de investigación decidí bajar antes de las tres de la tarde, busqué y ahí los vi, el ruido era provenía del contacto entre los skates y las veredas acanaladas, un ruido como quebrado, los pibes andaban y andaban. Los seguí y ellos habrán pensado que era medio psicópata o vecina que estaba “harta de que le hagan ruido a la hora de la siesta”.
La vecina del décimo b me pidió que la cuide y como no conseguía trabajo acepté la propuesta. Y todo el tema del ruido me hizo acordar de Enrique Sdrech, sus investigaciones, sus opiniones concienzudas, perspicaces, entonces me mandé esa mini investigación. Claro que acá no había ningún crimen pero yo quería hacer lo que me gustaba y todo me servía de excusa.
Les saqué algunas fotos desde el balcón y se las mostré a la vecina. Dorita no salía del departamento por que la daba vergüenza andar pelada o con pañuelo porque “los vecinos se iban a dar cuenta y dios mío el chusmerío que se armaba” así que yo me dediqué a contarle todos los acontecimientos del barrio y mostrarle fotos de los pibes del skate.
Me dijo que se si se animaba en una de esas bajaba y los saludaba, algún día, cuando volviera el pelo. Yo insistía en ponerle un piercing así al menos los vecinos chusmeaban por un cambio de look y por un enloquecimiento repentino…

1 comentario:

Gema dijo...

Dorita bajó a saludar a los pibes del skate,seguro que pensaron que era una piba más. Los del skate con sus pantalones caídos por que era el look que hacía roncha, Dorita con sus pantalones caídos por la falta de apetito, los del skate con su pelo rapado por que es el look asi lo exige, Dorita con su linda pelada porque así se lo había exigido la vida, pero al fin y al cabo todos aprendiendo su propio camino.

A la periodista más "Valentina" que conocí