sábado, 21 de marzo de 2009

Fiesta


“Oh mama lascia qu´ il mondo parla”

La mujer que había cuidado a Dorita cuando era chica cumplía años así que teníamos que ir a visitarla. Italiana, de la provincia de Cosenza, Carolina cocinaba rico, muy rico y en especial para los cumpleaños.
Dorita se eligió uno de los pañuelos más lindos y se lo acomodó en la cabeza para tapar la pelada que ahora estaba decorada con unos incipientes pelos. Cuando llegamos, una mujer, Doña Concepción, se quedó inmóvil, se persignó y después de saludarla con miedo continuó comiendo su sándwich de miga. Doña Concepción era en realidad Concheta pero el término le parecía inapropiado por estas tierras así que se había re bautizado.
A mí me toco recibir esa serie de preguntas incómodas e inoportunas que tanto me molestaban, cada vez más: “¿Y vos, qué edad tenés, estás trabajando no?”. Les tuve que explicar que no conseguía trabajo y que estaba cuidando a Dorita. Lo que a mí me preocupaba, más allá de mi propia incomodidad, era que nadie haga sentir mal a Dorita.
Todo marchaba bien pero en cuestión de horas Doña Concepción comenzó a cantar canciones en italiano, a hablar de la vida en Sicilia y en un momento, después de mirarla atentamente a Dorita, su discursó comenzó a virar hacia temas bastante menos felices. Así, empezó a contar la experiencia mortuoria: “En mi pueblo se les sacaba fotos a los muertos, desde la tumba y el cortejo fúnebre iba con caballos, de terciopelo negro, terciopelo negro, ¿entendés?” Yo le dije que casualmente ese era mi color favorito pero eso la indignó: “Y a un velorio, ¿cómo vas vestida? ¿De rosa? Por favorrrr”. Después comentó que la gente se tiraba de los pelos, se golpeaba la cabeza, se arañaba la cara. Yo trataba de imaginarme la situación pero si ampliaba mi análisis terminaba contextualizándolo en una fiesta de cumpleaños ¿Sería que Dorita provocaba ese tipo de reflexiones en la gente? ¿Sentían, mirando a Dorita que se enfrentaban con la muerte o con su propia muerte?
Cuando llegó la hora de irnos Dorita se fue especialmente a saludarla a Doña Concepción y le dijo: “Ya me puedo ir, cambie de tema, relájese y la próxima Doña Concheta llamemos las cosas por su nombre, cáncer, cáncer tengo yo y mire de que colores más lindo me vestí”.

2 comentarios:

Arijull dijo...

Estoy segura q en alguna peli las vi, a las "lloronas", esas minas q decis, q lloran, se arañan y demas cosas en los funerales. Parece q era una costumbre antes tener cosas asi... Viste como los yankys hacen comida (q no entendes como miercole' pueden comer algo en un momento asi?), bue se ve q las lloronas eran parte de la cultura tana.
Si me acuerdo en q peli las vi, te digo.

María Virginia Gallo dijo...

Si si, efectivamente, las lloronas existieron.
Si te acordás decíme en que películas las vistes.
Incluso creo que también existían en la Argentina.
Quizás era una especie de espectáculo dispuesto para el funeral.