sábado, 2 de mayo de 2009

Olor


Marley seguía con sus maullidos frenéticos y al gato se le sumó la vecina más anciana del edificio: Gioconda. La mujer que vivía en el séptimo a comenzó a preguntar por Ramón, el vecino del departamento de al lado.
Para todos "la vieja" estaba loca y esgrimían todo tipo de argumentos para convencerla:
"No se preocupe, se habrá ido con alguna chica de joda, quédese tranquila"
"En una de esas se fue al Caribe y vuelve todo bronceado"
"Para mí que dejó de pagar las expensas y se rajó, porque los del consorcio están cada vez más rigurosos".
Pero Gioconda estaba preocupada y además creía que el maullido de Marley era un mal ugurio, algo anunciaba.
Mientras, todos los vecinos que me veían me decían que Dorita tenía que aparecer y defender al gato en persona, porque mucho llamado telefónico pero ella ni aparecía...
Pero nadie sabía que el ambiente estaba enrarecido y un olor nauseabundo comenzó a invadir el edificio. Era un olor putrefacto, denso, insoportable. Gioconda gritaba desde el séptimo: "Yo les dije, les dije, algo pasaba con Ramón".
Ramón se había suicidado, se había dejado morir y su cuerpo yacía putrefacto en la cama convertida en lecho mortuorio.
Y con Ramón, también el número 7 indicador del piso había desaparecido, era el único que faltaba. Quedaba la marca, la presencia de la ausencia.
Cuando lo colocaron en la famosa bolsa negra y lo subieron al ascensor nadie se animó a subir con él. El problema surgió cuando alguien llamó el ascensor y el cádaver comenzó a pasear de piso en piso, esa fue su despedida de los vecinos.
Marley había dejado de maullar pero los rumores de los vecinos ahora volvían a acrecentarse, invadían el ascensor, los pasillos; pero a ellos... ¿también había que echarlos?

1 comentario:

Arijull dijo...

:O
Te pasan cosas raras Virgi