jueves, 24 de septiembre de 2009

Recuerdos

“… pero hay otro terror que amplía el universo,
que lo vuelve más complejo.
Los chicos tienen mucha habilidad para
ese tipo de terror: el de las puertas secretas,
los rincones. En la naturaleza indefinida de las cosas”
Entrevista de Paula Jiménez a Lucrecia Martel,
“La memoria de un sonido”, Buenos Aires, 24-08-08.


Con Dorita nos sentamos a tomar mate y, quizás sin darnos cuenta, comenzaron a entrometerse recuerdos de la infancia.
La casa de mi abuela era una de esas casas chorizo, largas. La familia se reunía en el living, al lado del patio y los chicos nos íbamos a la piecita de adelante que daba a la calle y durante mucho tiempo había funcionado como kiosco. Nos quedábamos jugando, escondiéndonos en los sillones pero había algo que captaba nuestra atención, que nos daba miedo cuando nos quedábamos a oscuras. Se trataba de la virgencita eléctrica, una pequeña virgen de plástico que se enchufaba produciendo electricidad. La mirábamos de lejos, aterrorizados, hasta que un día a mí se me ocurrió tocarla, ver qué pasaba. Me acerqué cautelosamente mientras mis primos me miraban, extendí la mano y sentí un dolor terrible que me produjo un temblor en todo el cuerpo. Mis primos se habían quedado pálidos mirándome y yo había comenzado a llorar sin parar mientras me agarraba el dedo dolorido. Nunca más toqué la virgencita, la abuela la siguió enchufando pero para nosotros podría producir algún tipo de fenómeno paranormal que preferíamos evitar.
Dorita recordó los Saumerios, esas barritas de colores que se prendían para aromatizar el ambiente. Para aromatizar, supuestamente, porque a Dorita le producían alergia. Un día, cansada de que la torturen, decidió incendiarlos así que provocó una humareda bastante terrible como para lograr que la familia decidiera desistir del terrible ritual de aromaterapia.
Habíamos perdido la capacidad de hacer, de incendiar y todo porque sí. Aún teníamos temor, pero ya no nos arriesgábamos. Más certeza, menos incertidumbre y afuera, sin embargo, todo continuaba siendo extraordinario.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Tomates




No soy de hablar mucho pero cuando estoy triste hablo mucho menos, siento, la ausencia. Percibo en cámara lenta, con ralenti, todo sucede delante mío pero sin mí, soy una simple expectadora.
Dorita se daba cuenta, así que al verme retraída me encomendó una tarea específica, tenía que cuidar la planta de tomates del balcón.
A mí me encantaban los tomates y a Dorita también, pero no podía comer verduras crudas, el oncólogo se las había prohibido para evitar cualquier tipo de problema estomacal derivado de la temida bacteria Escherichia coli.
Día a día la cuidaba, la podaba, pero pensaba en la forma en que Dorita pudiera comer tomates, tenía que cocinarlos de alguna manera. Recurrí entonces a otra de mis pasiones, la cocina.
Salí a comprar unos tomates disecados, zapallos zucchini y mozzarella. Corté los zucchini en láminas, los distribuí en una plancha y esperé hasta que se doraran. Mi alrededor se acotaba a los límites de esa cocina, a los olores, las sensaciones... Esuché el ruido de las burbujas chocando unas contra otras, el vapor, el agua estaba hirviendo, así que agregué los tomates secos y, una vez hidratados y colados, los corté en pedacitos. Mezclé el tomate, los zucchini y la moozarella y le agregué unas gotas de aceite de oliva, sal y pimienta. Aroma de tomates húmedos, olivas y tenue olor a quemado de los zucchinis.
Para acompañar compré un pan de cereales, con semillas de lino y girasol, lo corté en rodajas, lo rocié con aceite de oliva, le froté un diente de ajo y lo tosté en el horno.
Dorita lo comió con gusto, le encantó y yo disfrutaba al verla así pero... ¿Dónde estaba mi angustia? ¿Dónde había abandonado la tristeza?

martes, 1 de septiembre de 2009

¿Celebrar?


If you don´t have a date
celebrate
go out and sit on the lawn
and do nothing
cause it´s just what you must to do
nobody dose it anymore

Waltz de Fionna Apple


No estar en pareja o estar solo podría ser una forma de incompletitud, el lenguaje así lo demostraba: "No sabés lo que te perdés...", "Qué bien te vendría...".
Pensaba en el caso de Dorita, una mujer que enfrenta el cáncer, para los otros también podría verse como un caso de falta, de carencia. Pero Dorita era una mujer saludable, alegre, que avanzaba a fuerza de resistir estigmatizaciones.
Dorita y yo, dos mujeres incompletas para los vecinos del edificio, cada una a su manera.
El problema residía en que nosotras mismas llegáramos a vernos así. Dorita había superado sus temores, había salido, se había mostrado ante los otros. Yo, sin embargo, resistía con mayor dificultad los embates.

lunes, 31 de agosto de 2009

Se busca, le buscan, ¿me buscan?

Algunos están preocupados, pero esta vez el foco de atención dejó de ser Dorita, ahora se preocupan por Valentina.
El portero me ve salir a las apuradas y lanza la pregunta:
"¿Para cuándo?"
"¿Qué, para cuándo que? Ah.... Sigo sin encontrar trabajo"
"¿Para cuándo un novio Valen?"
Me quedo dura, atónita. ¿Qué le puedo decir? ¿Desde cuando me dice Valen en vez de Valentina?
"Chau, chau, se me hace tarde"
Con lo de Dorita pude comprender que los límites entre la vida pública y privada se vuelven poco nítidos en los edificios. Pero ahora me tocaba directamente a mí, ¿Desde cuando les preocuba mi vida sentimental?
Recordaba cuando la vecina que se mudó del séptimo apretaba con su novio en la escalera, estaban todos horrorizados, o cuando se peleó la del quinto a los gritos en el pasillo y todos preguntando porqué lo había dejado, que era buen chico. Yo, en cambio, siempre fui un poco reservada, así que para ellos era todo un enigma por resolver...

lunes, 24 de agosto de 2009

Cinéfilas





A veces no hay que hablar, ni mencionar, nada. Para Dorita era tarde de cine, había decidido llevarla al cine Cosmos, sobre avenida Corrientes.
Recordaba los festivales de cine y la atmósfera especial, entrar en el Cosmos era entrar en otra dimensión. La escalera, las luces de tubo fluorescente verde que iluminaban las plantas dentro del cubículo vidriado, la cafetería.
Fuimos en tren y luego en subte pero cuando llegamos nos encontramos con el cine cerrado y el cartel alegorizaba la situación: Cosmos/ Osmos o lo que fue/ lo que es. La puerta, entreabierta, mostraba los afiches del Bafici 2008.
En ese momento recordé otra situación similar. Una vez paseaba por el barrio de Caballito y decidí pasar por el cine Lyon, sobre avenida Rivadavia. Me quedé inmóvil en la puerta contemplando los tabiques de madera que obstruían la entrada. Poco tiempo después el cine reapareció bajo el nombre de Cineduplex y, más tarde, como Arteplex Caballito. A fuerza de bautismos había reaparecido, renovado, pero manteniendo el encanto de las butacas de madera, las salas de dos pisos y los fantasmas de otros tiempos.
Esa tarde no habría Cosmos pero sí Arteplex, Dorita me preguntaba cuáles serían las razones para cerrar un cine pero no pude decirle nada, las imágenes de otras tantas salas desparecidas (el Metro, por ejemplo) se atestaban en mi memoria, como imágenes en movimiento, fotogramas de un pasado incendiado.

viernes, 14 de agosto de 2009

Querido oncólogo



“Si advertimos que médico tiene lingüísticamente
algo que ver, en su origen, con meditación y con
modestia, podremos preguntarnos cuáles fueron
los meandros lingüísticos e históricos que disociaron
en gran medida esos significados”.
A la escucha del cuerpo, puentes entre la salud y las palabras
de Ivone Bordelois

Como la última quimio de Dorita había sido muy complicada se me ocurrió hablar con su oncólogo, pedirle que le de alguna medicación especial para que se sienta mejor.
Todo médico desconoce el ámbito privado del paciente de forma que esa ausencia se le manifiesta a través del diálogo. La palabra entonces cobra su máxima importancia, es la representación de lo vivido, el decir lo que se padece, también grito de ayuda.
Dentro del consultorio, rodeada por la gran cantidad de diplomas que garantizaban la continúa capacitación profesional, comencé a hablar, el eco de mis palabras revotaba con antiguas imágenes del sufrimiento de Dorita. Le hablaba como si fuera una persona que quisiera escucharme, como si pudiera comprender la situación, le hablaba sufriendo, sintiéndome yo misma Dorita, intentando transferir lo vivido.
Mientras, él leía la historia clínica de otro paciente y cuando terminé me dijo: “Bueno, mirá, vomitar es una cuestión fisiológica, es normal, como hacer las necesidades diarias…”. Se levantó de la silla y sonriendo me extendió el brazo como para que me retirara del consultorio.

miércoles, 22 de julio de 2009

Tardes

“Lo dudo, lo dudo, lo dudo,
Que halles un amor más puro,
Como el que tienes en mí.”
Por Los Panchos


Las amigas de Dorita se habían propuesto concurrir habitualmente a visitarla y a pintar juntas. Y otra vez volvían.
Esta vez, entre bizcochitos y mates, Mirtha se animó a contar una historia o, más bien, su historia con Pedro. Cuando estudiaba, hacía ya muchos años, lo había conocido a él, un español que había venido a la Argentina. Pronto se hicieron amigos y después comenzaron a salir, pero Pedro tenía que volver a España entonces le propuso a ella irse con él. Mirtha lo pensó mucho y finalmente decidió quedarse, ahora estaba viuda, con dos hijos y tenía ganas de volver a verlo a ver a Pedro ¿Qué sería de su vida?
En su interior Mirtha se lo imaginó viejo y soltero, se esforzaba por construir una imagen mental que lo alejara de ella, que le permitiera, desde el presente, enorgullecerse por su antigua decisión.
Entonces se me ocurrió conectarme y que lo buscáramos en Facebook, todas abandonaron sus pinceles y se acercaron a la pantalla, lo encontré y empecé a mostrarle las fotos: Pedro en un bote, Pedro abrazado con una mujer, Pedro besando a una mujer, Pedro con una beba en brazos. Y para Mirtha era eso, Pedro, Pedro, Pedro y una historia que había dejado inconclusa

viernes, 17 de julio de 2009

Tarde de pintura



Dorita tenía un grupo de amigas con las que solía pintar en el taller ubicado a pocos metros del edificio. Como hacía bastante que no asistía a clases las amigas y compañera decidieron llevarle la clase al departamento.
Ni bien llegaron comenzaron a sacar de los bolsos acrílicos, pinceles, agua, cajas de madera. Eran todas mujeres de entre cuarenta y cincuenta años. Pero también estaba Sofía, nieta de una de ellas, a la que le habían dado unas acuarelas y hojas. La nena empezó a pintar y cuando terminó Dorita le preguntó:

-¿Qué es esto verde? ¿Pasto?-
-No, cielo-

lunes, 6 de julio de 2009

Gracias


Con Dorita fuimos al oncólogo, teníamos que pedirle el análisis de sangre para la próxima quimioterapia.
Teníamos muchas ganas de encontrarnos con Gema. Le había mandado unos mails para encontrarnos pero no los respondía. Y bueno, después de las quimios, pensé, viene la liberación, las ganas de hacer cosas, de disfrutar la falta de los compromisos oncológicos.
Una imagen siempre se me venía a la mente. Gema y Santiago sentados, Gema aplicándose la quimio y Santiago leyéndole, hablándole, distrayéndola. Les había tocado uno cubículo pequeño y allí estaban los dos, queriéndose en el transcurrir del suero.
Gema nos hablaba de su pequeña hija, de su vida. Y cuando Gema entraba al consultorio con su boina y sus raros vestidos todos la miraban, ella tan simpática, llena de alegría. El consultorio cambiaba, nos despejaba, nos hacía reír.
Recuerdo la primera vez que la vi, su juventud y su acento español me hicieron pensar que quizás era una estudiante que había venido por poco tiempo a la Argentina. Pero Gema, Gema y Santiago, con la pequeña niña.
Cuando Dorita preguntó por Gema se le llenaron los ojos de lágrimas. No se animó a decírmelo, porque el dolor fue grande y mudo.
¿Qué más podría decir? Nos debemos un café, nos lo vamos a seguir debiendo, porque Gema quería festejar, porque siempre, Gema, gracias a vos, vamos a seguir teniendo ganas de festejar, aunque el dolor sea hondo, tan hondo como el dolor que sentimos ese día.

sábado, 4 de julio de 2009

Gripe A


La gripe porcina llegó a Buenos Aires y junto con ella comenzó el desabastecimiento de barbijos y alcohol en gel.
Algunos caminan asustados y otros se ríen de esos que caminan asustados.
Faltan los besos, porque los argentinos nos saludamos así, cariñosamente. Sin embargo, algunos aún mantienen el ritual y, en medio de tanta paranoia, se convierte en todo un acto revolucionario.
En el noticiero un día dicen: “Cuidado, estamos hablando de vidas humanas, esto no es broma. Alguien se tiene que dar cuenta de la situación, prevención por favor, esto es muy, muy GRAVE”. Al otro día, el mismo periodista, esta vez sonriendo, dice: “Mantengamos la calma, simplemente seamos cautos, pero no se preocupen, a lavarse bien las manos. Está llegando una nueva droga de los Estados Unidos que permitirá mejorar la situación”.
Cuando alguien tose en el subte los otros lo miran y se alejan. Entre los amigos abundan las bromas “¿No tendrás la porcina no?”.
Múltiples facetas de la misma situación que me recuerdan al cáncer y me recuerdan a Dorita. Una vez, una amiga a la que necesitaba hablarle de todo lo que estaba pasando, de lo difícil que era la quimioterapia, me dijo que “Era mucho para ella, que no lo podía superar, que no lo podía soportar”. Me dijo otras cosas y me indigné, terminé gritando, en voz alta, para que la gente del bar escuche: “EL CANCER NO CONTAGIA, NO CONTAGIA”.
Entonces, como Dorita, muchos pasan a ser sospechosos, es preferible alejarse y procurar propios medios profilácticos ante esas otras realidades. La vida es pura profilaxis, pienso.
Pero esta vez todo se confunde, algunos logran infiltrarse. Los pacientes oncológicos son uno de los tantos con barbijos, por primera vez son uno más en la ciudad, camuflados, logran ese tan ansiado anonimato.

domingo, 28 de junio de 2009

Nado furtivo

Después del tema Elvis Crespo siguió otro de Shakira y había que levantar brazos de derecha a izquierda. Me sentí una especie de títere, con dificultades para moverme por la densidad del agua.
Y entonces, recordé cuando era chica y nadaba en el Paraná, nos tirábamos en el medio del río y a nadar, contra la corriente pesada y densa. No había música, había río, había árboles, silencio.
Pero el canto de una compañera de baile me sustrajo abruptamente del recuerdo. La señora era fanática de Shakira y cantaba enérgicamente. Me asusté, sentí que no iba a poder seguir soportándolo entonces planeé mi huida.
En el andarivel de al lado no había nadie así que me sumergí debajo del agua, me pasé y, en vez de nadar un estilo clásico, me incliné por el estilo mariposa. Y comencé a sentir como todo mi cuerpo, entumecido por los ritmos caribeños del acquadance, comenzaba a liberarse. Tenía que hacer muchísima fuerza para sacar los brazos y el torso del agua e incluso mi estado físico era pésimo así que me costaba el doble.
Pero nadé, nadé y nadé. No escuchaba nada, ni la música, ni la compañera cantando. Me sentía bien, tan bien. Llegué al borde de la pileta dispuesta a irme cuando vi que la profesora de acquadance me hacía señas desde el borde de la pileta, me llamaba, así que tuve que ir a ver que me decía, me acerqué y en voz baja me dijo: “Si venís a la clase no podés escaparte al andarivel de al lado a nadar, eso no está bien”. Yo, roja de vergüenza intenté darle una explicación pero ella bajó aún más el tono de voz y me dijo “De todos modos me parece muy bien, yo detesto esto pero ¿qué querés que haga? Me da plata y de algo hay que vivir…”.

sábado, 20 de junio de 2009

Flashdance acuático

Se me ocurrió empezar a hacer algo, pensé en la pileta del club, tenía que averiguar precios y actividades para elegir una.
De chica solía nadar en la pileta del colegio Ward, aún recordaba el vestuario, el olor a cloro, las carreras. Y, también recordaba la primera vez que fui a lo hondo, es decir, la parte más profunda de la pileta. Esa zona era un tanto diabólica, impenetrable, temible, era el otro lado de la pileta. Ahí iba el nivel tiburón y los más chiquitos aún éramos mojarritas.
Pero el día llegó y sentí una alegría enorme. Miraba para abajo con las antiparras y era profundo, movía los pies pero no sentía el piso, había que seguir y seguir, no se podía parar, sino, te ahogabas.
Y otra vez volvía a la pileta, esta vez, la del club Italiano. Las opciones eran:

Acquadance
Pileta Libre
Pileta con profesor


Decidí intentar con la clase gratuita de Acquadance. Y pensaba que, quizás, Dorita podía empezar también, para distraerse, para sentirse bien. Y la pelada no sería un inconveniente, el gorro de látex se la disimularía.
Llegué a la pileta, entré y me dieron una calurosa bienvenida. La profesora mencionó que había una alumna nueva e inmediatamente todos me miraron, eran alrededor de cuarenta, y empezaron a aplaudir. Yo me puse muy colorada pero decidí disimularlo.
La clase comenzó con el tema “Suavemente” de Elvis Crespo y todos empezaron a seguir el paso de la profesora: manos arriba, de izquierda a derecha, de izquierda a derecha, de izquierda a derecha.
Creí que no iba a poder soportar más la clase pero ese era tan sólo el comienzo…

domingo, 14 de junio de 2009

Atardecer



Paradójicamente, la adversidad, lejos de deprimirla, comenzaba a levantarle el ánimo a Dorita.
Había comenzado a salir por el barrio y también disfrutaba de los atardeceres en el balcón.
Hablábamos mucho. ¿Se puede hablar del dolor, de la tristeza, la angustia? Se puede. ¿Se puede hablar del dolor, de la tristeza y de la angustia con humor? Se podía y lo hacíamos.
Dorita se había encontrado con Ricardo, un antiguo compañero de la secundaria: “Me comentó que tenía un esguince, que se estaba quedando pelado y que se acaba de divorciar. Después me preguntó como andaba yo, si me había cambiado el look, le comenté que fue un cambio forzoso, por la quimio y ambos nos reímos, él me terminó diciendo que bueno, que se quejaba pero realmente lo de él no era nada”.
Con Dorita nos reímos y seguimos mirando la puesta del sol.

domingo, 7 de junio de 2009

Visita

"Ah, sí, podemos mirarlos todo el tiempo, y
ellos pueden seguir actuando, pero mientras
pretenden estar representando un cuento
de hadas, están sumidos en una visión
de los muertos que vuelven a la vida."
Otra vuelta de tuerca de Henry James,
traducción de Rolando Costa Picazo




Juana se había ido a vivir a España en la época de la hiperinflación, ahora volvía a visitar su barrio y quería saludarla a Dorita.
Dorita le envió un mail advirtiéndole "Estoy un poco cambiada, algunas cosas pasaron en mi vida". No le dijo que había tenido cáncer ni que estaba recibiendo quimioterapia.
Cuando Juana llegó al departamento, Dorita le abrió la puerta con el pañuelo en su cabeza, Juana se quedó inmóvil y con los ojos llenos de lágrimas le dijo: "Mujer... ¿Qué te pasó? ¿Cómo estás?".
Intenté imaginarme qué le llamaba la atención. Por supuesto la cabeza rapada, los ojos sin pestañas ni cejas serían un impacto grande, pero además, tenía unas ojeras pronunciadas, su cuerpo estaba muy flaco y en los brazos se destacaban las venas esclerosadas con tonos violetas.
Juana veía a otra Dorita, Juana veía el fantasma de Dorita. En su afán por retomar el pasado de su barrio se encontraba con un presente distinto, que dolía y la asustaba.
Hacía quince años había dejado a su amiga, a quién extrañaba tanto como a las charlas entre mates y los bocaditos Cabsha que le regalaba los días del amigo.
Volvía en busca de su amiga y, efectivamente, encontraba a su amiga, pero sólo veía su sombra, las huellas de una enfermedad.
La charla fue intensa pero en las palabras de Juana, Dorita sentía una cautela inusual que las alejaba, estaban frente a frente pero se sentía aún más lejana que en los mails. Porque en los mails Juana no la veía a Dorita y podían hablar como antes, como siempre, podían hablar.
Juana se fue, la despedida fue emotiva.
Dorita siguió abriendo los mails con la misma alegría y esperanza que antes, esperando un mensaje desde España, pero Juana no volvió a escribirle nunca más.

domingo, 31 de mayo de 2009

Viaje

Viajo para no pensar, me tomo el colectivo, pero…

Renuncia

Escribe mensajes de texto
y yo me quiero sentar
una regla básica y fundamental
el que está sentado nunca debe
siquiera fingir
que se baja
las falsas expectativas son un golpe bajo

La chica escribe mensajes de texto
como el viaje, fragmentario, observo
“Por culpa de esa vieja renuncié
estoy triste :(
encima era en blanco,
espero conseguir algo pronto”

La chica que escribe
tiene la ropa impecable
reloj importado
cartera de marca
se ve como una empresaria exitosa
una chica “cosmo”
muy “Sex and the city”

Pero le escribe un mensaje de texto a su amiga
está triste
La melancolía no se exhibe, pudorosa
viaja por mensaje de texto

domingo, 24 de mayo de 2009

Extrema delgadez

“Sola, fané, descangayada,
la vi esta madrugada
salir de un cabaret;
flaca, dos cuartas de cogote
y una percha en el escote
bajo la nuez;
chueca, vestida de pebeta,
teñida y coqueteando
su desnudez...”
Esta noche me emborracho de Enrique Santos Discépolo



Dorita había perdido muchos kilos con los vómitos producidos por las quimioterapias, estaba extremadamente delgada, temía que se le quebrara algún hueso.
El domingo por la tarde, Sandra, la hija de Leonor, trajo una torta de regalo en agradecimiento por la ardua defensa de Marley, el gato que después de la aparición del cuerpo sin vida de Ramón, había dejado sus frenéticos maullidos. Cuando nos sentamos a tomar unos mates Sandra comenzó a decir que estaba gorda, que necesitaba hacer dieta y mirándola a Dorita añadió: “Mirá que linda estás vos, flaquita, esbelta, toda la ropa te debe quedar divina”.
Dorita la miró, se quedó en silencio, uno de esos silencios que provocan que el otro siga hablando compulsivamente, como para llenar el vacío. Sandra, efectivamente, comenzó a enumerar a la farándula argentina: “Esa tuvo un hijo y a los dos días estaba flaca, flaca, flaca, como si no lo hubiese tenido, ¿a vos te parece? Y la otra que se va al centro de estética, así cualquiera, cero celulitis, a mí lo que me hace falta es plata, todo el día en el gimnasio, comer sano, todo eso”.
Dorita, indignada la interrumpió: “¿A vos te parece que es lindo estar delgada por culpa de estar tres días seguidos vomitando para prevenir una posible futura reaparición del cáncer? ¿Cómo puede ser que el discurso de los medios, el modelo de mujer que imponen, el enorme comercio que gira entorno, te haya absorbido a tal punto de que me veas y me envidies? Hubo otros modelos de mujer, una mujer que no se sacrificaba, que disfrutaba de la comida, una Coca Sarli, por ejemplo”.
Sandra se sonrojó y angustiada le dijo: “Vos porque no tenés idea lo que es ir a probarte ropa y que nada te entre, que la vendedora te traiga cuatro talles diferentes y te diga con cara de lástima que es mejor bajar unos kilitos, ¿sabés una cosa? preferiría tener cáncer con tal de no estar así”.

domingo, 17 de mayo de 2009

Remordimiento

Cuando logré descomprimirme del subte y salí a la calle me invadía un sentimiento de angustia, ¿Y si lograba conseguir trabajo de periodista? ¿Cómo iba a hacer Dorita? Ya nos habíamos convertido en amigas, yo quería verla bien, teníamos que superar juntas la quimioterapia.
Los chistes para lograr distraerla y sacarle la mirada del suero, ¿quién se los iba a contar?, necesitábamos agarrarnos de la mano, salir triunfantes, divinas, para después encerrarnos y seguir, “contra vómito y marea”.
Yo, la que trataba de no involucrarme con nadie, la que transcurría con penas propias desentendiéndose de las ajenas, sentía que a Dorita la quería. Esa mujer, en uno de los peores momentos de su vida, se había vuelto entrañable.
Pero a la vez quería trabajar, necesitaba trabajar y tenía una entrevista en una editorial de turismo.
“Me llamo Valentina, tengo veintiséis años, estoy por empezar la carrera de Letras en la UBA, no tengo experiencia laboral”.

domingo, 10 de mayo de 2009

Entrevista


El edificio había quedado en una peligrosa calma después de un acontecimiento tan inesperado como el de la muerte de Ramón.
En mí persistía una angustia bastanta grande y además se aproximaba otra sesión de quimioterapia. Pero sorprendentemente me llamaron para una entrevista laboral en plena Capital Federal así que mente debió cambiar abruptamente.
Me tomé el colectivo, una hora de viaje y después el subte.
El subte por la mañana es toda una experiencia, sobre todo la línea A con sus coches antiguos, el color amarillento de las luces, el olor a madera quemada, todo un viaje atemporal.
Tanta gente en un espacio reducido provoca un aplastamiento que termina por comprimirse al máximo al llegar a la estación Miserere. Esta vez subía al tren en la mencionada estación una chica con su madre, era la primera vez que viajaba en hora pico y cuando la empujaron para entrar empezó a gritar como loca, “Esto es terrible, basta, basta por favor” todos comenzaron a reírse y a hacer chistes, algo típico en esas situaciones porque comienza una especie de momento divertido donde todos los pasajeros buscan sacarle humor a la situación. Pero resulta que la chica estaba cada vez peor, cada vez más nerviosa y comenzó a gritar“¿Pero de qué se ríen? Esto es terrible, no es para reírse” la madre le explicó: “Ellos viajan siempre están acostumbrados y vos viajás por primera vez eso es lo que pasa” pero la chica estaba indignada era una especie de moralista en medio de nuestra propia anarquía subterránea.

sábado, 2 de mayo de 2009

Olor


Marley seguía con sus maullidos frenéticos y al gato se le sumó la vecina más anciana del edificio: Gioconda. La mujer que vivía en el séptimo a comenzó a preguntar por Ramón, el vecino del departamento de al lado.
Para todos "la vieja" estaba loca y esgrimían todo tipo de argumentos para convencerla:
"No se preocupe, se habrá ido con alguna chica de joda, quédese tranquila"
"En una de esas se fue al Caribe y vuelve todo bronceado"
"Para mí que dejó de pagar las expensas y se rajó, porque los del consorcio están cada vez más rigurosos".
Pero Gioconda estaba preocupada y además creía que el maullido de Marley era un mal ugurio, algo anunciaba.
Mientras, todos los vecinos que me veían me decían que Dorita tenía que aparecer y defender al gato en persona, porque mucho llamado telefónico pero ella ni aparecía...
Pero nadie sabía que el ambiente estaba enrarecido y un olor nauseabundo comenzó a invadir el edificio. Era un olor putrefacto, denso, insoportable. Gioconda gritaba desde el séptimo: "Yo les dije, les dije, algo pasaba con Ramón".
Ramón se había suicidado, se había dejado morir y su cuerpo yacía putrefacto en la cama convertida en lecho mortuorio.
Y con Ramón, también el número 7 indicador del piso había desaparecido, era el único que faltaba. Quedaba la marca, la presencia de la ausencia.
Cuando lo colocaron en la famosa bolsa negra y lo subieron al ascensor nadie se animó a subir con él. El problema surgió cuando alguien llamó el ascensor y el cádaver comenzó a pasear de piso en piso, esa fue su despedida de los vecinos.
Marley había dejado de maullar pero los rumores de los vecinos ahora volvían a acrecentarse, invadían el ascensor, los pasillos; pero a ellos... ¿también había que echarlos?

sábado, 25 de abril de 2009

Nueva adquisición


En todo edificio se generan guerras, desde las temidas reuniones de consorcio hasta las puertas abiertas del ascensor pueden convertirse en el inicio de una batalla.
En este caso el conflicto comenzó con un animal. Leonor, en un intento por reponerse del duelo de Shirley (http://valentinaperiodista.blogspot.com/2008/10/perro-que-ladra.html), decidió adquirir un gato. Marley se había convertido en nuestro nuevo divertimento, pasábamos horas mirando como jugaba e intentaba zafarse de la correa para atacar a las palomas.
Pero un día Marley se enfermó y comenzó a maullar provocando la ira de todos los vecinos que sentenciaban:"Se va el animal o se va ella con el animal". Dorita se indignó y comenzó a llamar por teléfono, a la del doce b le dijo: "¿Te acordás cuando tu hijo era bebé? Bueno, se pasaba horas llorando, toda la noche, ¿alguien te dijo algo?". Luego siguió la del noveno: "¿Te acordás cuando te peleabas con tu hija? puedo enumerarte los temas: huída sin aviso con el novio, la vez que se llevó matemáticas y no te dijo nada o cuando se fue a bailar y volvió a las nueve de la mañana. Se la pasaban gritando ¿pero alguien te dijo algo?".
Cada uno había originado sus propios ruidos molestos pero había que deshacerse del animal cueste lo que cueste.
Indignadas, las tres nos propusimos terminar con tamaña injusticia, Dorita ya había amedrentado a varias vecinas pero aún quedaba mucho trabajo por hacer…

sábado, 18 de abril de 2009

Asco


Siempre fui una persona impresionable, desde la simple idea del más mínimo pinchazo para una extracción de sangre podría desembocar en una huida fugaz. Ni hablar de heridas cortantes.
La primera vez que acompañé a Dorita a sacarse sangre estaba muy preocupada por sus venas debido a que la primera quimio ya había comenzado a dañarlas. Ni bien apareció la aguja tomé la mano de Dorita y le pedí a la chica del laboratorio que no la lastime. Mis ojos no podían salirse de la aguja y de las manos de la chica. Una vez que la aguja comenzó a retirar la sangre pude ver que las facciones de Dorita no se modificaban así que comencé a relajarme.
Incluso antes, cuando Dorita tuvo un drenaje luego de la operación, me ocupaba de inspeccionarlo, necesitaba saber si irrigaba bien, si aparecía algún coágulo.
También me producía arcadas ver y escuchar a alguien vomitar. Pero ni bien Dorita se levantaba de la cama, la agarraba de la cintura, la acompañaba al baño y me preocupaba por inspeccionar que no haya restos de sangre temiendo algún daño interno. Lo que antes me parecía asqueroso o imposible de soportar comenzaba a convertirse en algo rutinario que no me afectaba en lo más mínimo.
¿Sería una cuestión sociológica? ¿Qué era escatológico y que no? Aunque quizás tenía que ver con desprenderme de mis miedos porque había algo, había alguien, que me preocupaba mucho más a tal punto de transformarme completamente.

martes, 14 de abril de 2009

Hospitales

Se ríe el niño dormido
quizás se sienta gorrión esta vez
jugueteando inquieto en los jardines de un lugar
que jamás despierto encontrará

"Plegaria para un niño dormido" tema de Almendra


Cuando operaron a Dorita la clínica rebalsaba de embarazadas, ellas se irían con sus bebés y Dorita sin su tumor. La comparación resulta tan fútil como emotiva, al menos cuando se reactualiza estallando en un recuerdo profundamente fugaz.
Esta vez volvía al hospital pero a recibir a un sobrino, o a quién yo consideraba emotivamente mi sobrino.
La alegría era indescriptiblemente inmensa. Pero comencé a pensar que quizás esas dicotomías mentalmente impuestas eran mucho menos nítidas de lo que parecían.
Cuando Gema, otra paciente con cáncer de mama, salió de la operación, pidió que la dejaran ver “la película”, ya que por culpa de la operación se había quedado sin el final. El cirujano, un poco confuso o indignado, le preguntó a su marido si acaso Gema había entendido que el tumor que le habían extirpado era cancerígeno. Gema comprendía, Gema era totalmente consciente de su cáncer, pero no se iba a privar de hacer lo que tenía ganas de hacer.
La felicidad tiene sus matices, la cultura imponía en qué momentos y cómo manifestarla. Quizás en ese momento debí ser feliz por los hijos que venían y porque Dorita también, a su modo, comenzaría a vivir esa otra vida.

miércoles, 8 de abril de 2009

El baile sin salón


Otra quimioterapia más, pero esta vez me propuse levantarle el ánimo.
Dorita estaba acostada en la cama, agotada, agobiada, sin fuerzas, pero yo quería divertirla así que cuando sus dedos se cansaron sobre el control y apareció Rafaela Carrá me propuse imitar la coreografía. Mi falta de coordinación fue suficiente como para que la cara de Dorita se transformara, y esos labios tan desgastados, ácidos, comenzaron a efectuar una risa suave.
Me sentí ridícula, muy ridícula pero seguí bailando, me cansé, me reí y encima comencé a cantar “Cero tres cero tres cuatro cinco seis….” o algo así, no sabía, cantaba, cantaba, hasta que caí rendida, transpirada. Me había desahogado.

jueves, 2 de abril de 2009

Entrevista

Me estaba dando cuenta de que cuidar a Dorita me permitía no pensar en que tenía que conseguir un trabajo. También comenzaba a desistir del periodismo.
Tenía mucha angustia contenida, demasiada, todo había empezado con mi primera entrevista. Tenía dieciocho años, apenas terminaba el secundario y quería trabajar. Empecé a mirar los clasificados y uno me llamó la atención, buscaban jóvenes para ventas en una localidad vecina, era un agente oficial de una famosa empresa telefónica. Cuando llegué vi a muchos jóvenes de mi edad sentados, casi inmóviles, mudos, todos buscábamos quedar en el puesto, agrupados como gallos de riña.
Apareció el empleador, un hombre alto, de pelo blanco, que comenzó a gritarnos: “¡Ustedes se creen que esto es joda pero acá se viene a laburar! Yo puse a mi hijo a trabajar en una pizzería de cadete, que empiece de abajo. Y ustedes van a tener que hacer cualquier cosa, se van a meter en cualquier lugar con tal de vender teléfonos ¿me entienden? Son todos unos boludos, hay que empezar de abajo, de bien abajo”. Una chica comenzó a quejarse diciendo que no nos podían tratar así, que ella tenía experiencia, que sabía mucho y que quería otra cosa. La respuesta fue rotunda: “Si no te gusta, te vas, chau, te vas”.
Ese fue mi primer encuentro con el mundo laboral.

domingo, 29 de marzo de 2009

Muerte


“Por mi parte, le digo, pienso de otra manera. De qué otra manera, dice él, y yo opino que el tema de la muerte es un tema prohibido, por alguna falla cultural, y que en el fondo se trata de miedo a la muerte”

Los Suicidas, Antonio Di Benedetto

sábado, 21 de marzo de 2009

Fiesta


“Oh mama lascia qu´ il mondo parla”

La mujer que había cuidado a Dorita cuando era chica cumplía años así que teníamos que ir a visitarla. Italiana, de la provincia de Cosenza, Carolina cocinaba rico, muy rico y en especial para los cumpleaños.
Dorita se eligió uno de los pañuelos más lindos y se lo acomodó en la cabeza para tapar la pelada que ahora estaba decorada con unos incipientes pelos. Cuando llegamos, una mujer, Doña Concepción, se quedó inmóvil, se persignó y después de saludarla con miedo continuó comiendo su sándwich de miga. Doña Concepción era en realidad Concheta pero el término le parecía inapropiado por estas tierras así que se había re bautizado.
A mí me toco recibir esa serie de preguntas incómodas e inoportunas que tanto me molestaban, cada vez más: “¿Y vos, qué edad tenés, estás trabajando no?”. Les tuve que explicar que no conseguía trabajo y que estaba cuidando a Dorita. Lo que a mí me preocupaba, más allá de mi propia incomodidad, era que nadie haga sentir mal a Dorita.
Todo marchaba bien pero en cuestión de horas Doña Concepción comenzó a cantar canciones en italiano, a hablar de la vida en Sicilia y en un momento, después de mirarla atentamente a Dorita, su discursó comenzó a virar hacia temas bastante menos felices. Así, empezó a contar la experiencia mortuoria: “En mi pueblo se les sacaba fotos a los muertos, desde la tumba y el cortejo fúnebre iba con caballos, de terciopelo negro, terciopelo negro, ¿entendés?” Yo le dije que casualmente ese era mi color favorito pero eso la indignó: “Y a un velorio, ¿cómo vas vestida? ¿De rosa? Por favorrrr”. Después comentó que la gente se tiraba de los pelos, se golpeaba la cabeza, se arañaba la cara. Yo trataba de imaginarme la situación pero si ampliaba mi análisis terminaba contextualizándolo en una fiesta de cumpleaños ¿Sería que Dorita provocaba ese tipo de reflexiones en la gente? ¿Sentían, mirando a Dorita que se enfrentaban con la muerte o con su propia muerte?
Cuando llegó la hora de irnos Dorita se fue especialmente a saludarla a Doña Concepción y le dijo: “Ya me puedo ir, cambie de tema, relájese y la próxima Doña Concheta llamemos las cosas por su nombre, cáncer, cáncer tengo yo y mire de que colores más lindo me vestí”.

sábado, 14 de marzo de 2009

Excepcional



Porque a veces tenía que sentirme mejor, a veces tenía que recurrir a esa serie de eventos excepcionales.
Como destellos, aparecían para irse, para “evadirse de”, pero después de la fugacidad del instante permanecían, se resistían a abandonarnos.
Y cuando vi esa cortina de plástico en la parrilla de Mercedes recordé las tardes de verano en lo de mi abuela. Sentada en el piso de mosaicos la miraba desde abajo, era una cortina inmensa, magnificente y cuando me disponía a pasarla termina agarrándome de las tiras de plástico, hamacándome para saltar el umbral de la cocina. ¡Y Zas! Aparecía ella, enojadísima y empezaba: “Me las va romper, quedáte quieta por favor, quedáte quieta, dejá esa cortina de una bendita vez, hacéme el favor”. Pero yo me quedaba feliz, esperando que se fuera para agarrarme de vuelta.
La cortina había dejado de ser gigante y a mí ya se me habían olvidado las ganas de prenderme de las tiras. Pero remitían a eso otro, esas cortinas fusionaban temporalidades y volvían, siempre volvían.

jueves, 5 de marzo de 2009

Lista


Cuando me la encontré a la vecina del segundo d que iba tener familia me comentó había leído en la revista “Mi bebé” una lista de cosas que tenía que llevar al hospital: 3 camisones, 1 par de pantuflas, corpiño para amamantar, toallas y un repasador. Repasaba la lista con una naturalidad sorprendente que sólo se vio interrumpida con mi cara de asombro, le pregunté para que iba usar el repasador ¿para qué? Suponía que sólo servía para la cocina.
En ese momento pensé en la gente a la que pagaban para redactar es tipo de artículos, en una de esas se había quedado dormido escribiendo y el olor a repasador quemado de la cocina lo había despertado y ahí lo agregó a la bendita lista. Y ahora, ese ítem empezaba a desvelar a la vecina embarazada de ocho meses y medio y a mí, ilusa, me tocaba el papel de romper esa calma, esa seguridad que le brindaba la revista especializada.
Empecé a pensar entonces en la lista que yo haría para la gente que se hacía quimio, pensé en qué le hacía bien a Dorita en esos momentos de tanto nerviosismo. Una vez se me ocurrió obligarla a jugar un ahorcado, otra vez a la enfermera comenzó a hablarnos de prótesis mamarias y se le ocurrió levantarse la camisa para mostrarnos “lo bien que le habían quedado”. Un juego y una situación sorpresiva eran ideales para calmar la tensión del momento pero ¿y el repasador? ¿Para qué? Cuando volví a mirar a la vecina estaba con la cabeza agachada, dubitativa, así que le pregunté si era tan importante lo del repasador, que mejor era no olvidarse los tres camisones pero ella se bajó y cuando cerraba la puerta me dijo: “¿Tanta lista para qué, hay cosas que se escapan, me cago en esa revista de porquería y me importa un carajo el repasador? ¿sabés?, encima me salió cinco mangos”.

jueves, 26 de febrero de 2009

Buscando

A Dorita le faltaban pocas quimios y me preocupaba no conseguir trabajo así que recomencé la búsqueda.
Me encontré con una amiga, me dijo que un famoso realizador del nuevo cine argentino necesitaba gente para su nueva película y como yo en algún momento había estudiado algo de cine creí que era una muy buena oportunidad.
Llamé y me citaron para una entrevista en la productora. En ese momento pensé en sus películas de crítica social, su cine comprometido, ese aspecto me atraía, lo sentía cercano al periodismo.
El director me hizo pasar a su oficina reluciente, repleta de diplomas de Cannes, sentí como si todo eso me aplastara (después comprobaría que era una premonición).
Me preguntó qué hacía, si tenía experiencia, pero ante mi negativa comenzó con su discurso:
“Mmmm…. Entonces…. ¿Sabés cebar mate? ¿Sabés sacar fotocopias? Porque eso es lo que vas a tener que hacer, no tenés experiencia… Antes de que te pidan algo vos lo tenés que hacer, te tenés que anticipar, ¿me entendés? Así se empieza, quiero que te quede bien clarito. Y bueno, respecto a la plata, en todo caso te daremos algo de viáticos, esto es un meritorio vos entenderás….”
Me quedé atónita. No era una película de bajo presupuesto, todo lo contrario, era una co-producción con España y tenía escenarios armados sólo para el film…
La imagen que había creado para los demás se desmoronaba, el supuesto discurso de crítica social era una farsa, en la práctica hacía todo lo contrario.
Tiempo después aparecería en televisión haciendo alarde de sus películas comprometidas para deleite de la audiencia que lo admiraba, todo un genio, un buen tipo, pero para mí un gran hipócrita.

lunes, 16 de febrero de 2009

Cirujano


-Doctor, ¿Eso es un nódulo o un tumor? ¿Cuál es la diferencia?-
-Un nódulo es una masa que ocupa volumen-
-¿Y un tumor?-
-Un tumor es una masa que ocupa volumen-
-¿Entonces son sinónimos?-
-Son masas que ocupan volumen-
Recordaba vagamente ese diálogo con el cirujano de Dorita, en su momento me fastidió mucho, lo sentí como una cargada, pero al tiempo descubrí que él estaba haciendo algo que yo no esperaba: desdramatizar. En mi primer enfrentamiento con el cáncer estaba filtrando todo con lugares comunes.
¿Tumor o nódulo? ¿Qué importa? La diferencia estaba en todo lo que los términos connotaban y esa era la razón por la cual Dorita prefería decir siempre “nódulo” en vez de tumor y “un tratamiento” en vez de quimioterapia. El lenguaje le daba su resguardo, su posibilidad de seguir adelante sin toparse con todos los prejuicios que conllevaba “la enfermedad” a la que yo prefería llamar CANCER.
Además muchos me decían que Dorita iba a perder la movilidad del brazo por culpa de la operación, que todo le iba a resultar más difícil y Dorita tenía miedo, ella quería pintar, esa era su ocupación, pintar y enseñar a pintar. Un día fuimos al consultorio y cuando el médico la vio a Dorita con el brazo inmóvil la increpó:
-¿Qué le pasa en el brazo?-
-Me molesta, por la operación ¿vio?
-Yo le operé de la mama no del brazo…-
Dorita se quedó callada mirándolo, yo no lo podía creer pero al otro día cuando comenzó a mover el brazo como si nada entendí que se había producido el efecto deseado.
Era mucho más prejuiciosa de lo que pensaba, creía que todos los médicos eran insensibles e inhumanos pero la aparente insensibilidad de este avanzaba contra mí enfrentándome, enfrentándolo, enfrentándonos y enfrentándola, un gran provocador.

domingo, 1 de febrero de 2009

Mujeres

Por el camino va Malinche,
paso de polvo y canela
mira que voy buscando
por el camino a mi corazón

Canta Lila Downs en “La Malinche”


Cómo me habían dicho que en el barrio de Once se conseguían productos a muy buen precio me decidí a ir. Cuando llegué me sorprendió la explosión de color, carteras, telas, collares, hebillas y el calor que no detenía el ímpetu voraz de los caminantes apostados estratégicamente en los negocios con mejores precios.
Y así fue que entre a esta mercería, “París” para buscar ropa interior para mí y para Dorita. Una mujer mayor elegía un camisón para una sobrina que estaba embarazada y la habían internado, la mujer se quejaba, estaba molesta y entonces yo me dispuse a decirle algo duro, últimamente me gustaba que la gente se impacte para que deje de protestar absurdamente por lo que yo consideraba nimiedades: “Mucho peor es el cáncer, yo estoy cuidando a una mujer que no para de vomitar a causa de la quimioterapia”. La mujer siguió estirando el camisón, mirándolo, luego de unos segundos me miró y se río:
“Yo tuve cáncer hace treinta años y mirá cómo estoy, viva, bien y en mi época era otra cosa eh…”
Yo no me lo esperaba pero seguimos hablando y hablando, habré pasado una hora en esa mercería, estábamos inmersas en una especie de dimensión desconocida acolchonada por paredes de bombachas, corpiños, medias y camisones.
Las dos compartíamos una historia, dos mujeres, como muchas otras, que habían logrado encontrarse en el medio de los comercios. Nos habíamos detenido a hablar, que la metástasis, que los oncólogos, las estadísticas, pero vivíamos y sobrevivíamos, hablábamos y cuando nos dimos cuentas nos rodeaban otras mujeres, todas estábamos hablando del cáncer y se podía, porque lo estábamos humanizando.
Aparecía el tema prohibido, del que no hay que hablar, porque despierta sospechas, porque mejor evadirlo, “A mí siempre me dieron bien las mamografías” “Yo estoy bárbara”. Nosotras, tan imperfectas, derribábamos prejuicios, nosotras nos habíamos encontrado en esa mercería del barrio de Once.

jueves, 22 de enero de 2009

Ritual





A Dorita le había llegado la invitación para el casamiento de la hija de Raquel, una amiga y antigua compañera de las clases de Yoga.
Ambas nos reíamos pensando en lo que se ahorraba en el peinado, la tintura, el corte del pelo, alcanzaba para comprarse un muy lindo pañuelo y así fue, le elegí uno verde tornasolado.
Dorita se bañó, se maquilló bien para que no se le notaran las ojeras que habían adquirido un denso color morado y comenzó con el ritual del pañuelo. Iba y venía, giraba en el aire, le daba un tono a la luz blanquecina de la ventana, tenía una libertad casi absoluta que iba cediendo a los dobleces y acomodamientos. Finalmente quedó "¿Así te gusta?" yo, inmóvil, la miraba…¿Esa era Dorita?

jueves, 15 de enero de 2009

Amanecer en Torino

Sentía que no podía más, ver los efectos de la quimioterapia en Dorita me afectaba mucho más de lo que suponía. Todavía faltaban algunas sesiones pero yo creía que no iba a poder seguir, creía, sentía, pero seguía apoyándola. Llegaba a casa y lloraba, “todavía faltan, hay que seguir”, frases hechas, absurdas, cliché, no alcanzaban.
Sin embargo, algunos destellos de felicidad intermitente aparecían, “si había empezado tenía que terminar”. Dorita me necesitaba, tanto como yo a ella.
Un fin de semana mis amigas mi invitaron a salir, querían ir a bailar, a mi mucho no me entusiasmaba la idea. Dorita me insistió para que vaya, ella estaba bien y yo necesitaba despejarme así que decidí ir. Yo solía pensar que las fiestas eran una forma de ahuyentar las penas, una especie de purga emocional.
Salimos, bailamos, bailamos, me divertí. La música a todo lo que da, las luces, perderse, sensación de no lugar.
Cuando salimos del boliche eran las seis de la mañana, tomamos el colectivo y nos bajamos en avenida Juan B. Justo y Avenida y San Martín, ahí lo vemos a él, imponente, amaneciendo, despertando, con un brote desmedido de facturas. Nos miramos, nos entendimos y entramos. Al café “Torino” lo habíamos visto miles de veces y ahora era hora de alzar nuestros Capuchinos y brindar.

martes, 6 de enero de 2009

Volver a salir



Con Dorita escuchábamos que había fallecido una chica de 30 años por un cáncer de mama fulminante.
Mientras esperaban su turno las pacientes hablaban y esa historia se les había deslizado fugazmente con una gran cantidad de datos adosados. La chica tenía un novio que la había acompañado en la enfermedad e incluso se habían comprometido a pesar de que le quedaban pocos meses de vida. La muerte le llegó en el hospital aunque querían trasladarla a su casa para que pudiera disfrutar sus últimos días. Eso a mí me producía tristeza, pensaba en lo bueno que hubiese sido la muerte en donde ella quería, esa despedida con olor a comida de hospital y a desinfectante me parecía totalmente injusta.
Dorita escuchaba atentamente hasta que le tocó el turno. Yo me quedé escuchando el relato y ella alejándose con la mirada fijada en esas dos mujeres a las que les estábamos robando la historia.
La charla continuó con algunos reproches al oncólogo, comentarios acerca de los hijos que nunca las habían visto sin peluca y la suba de precios en el supermercado chino.
Cuando Dorita salió me preguntó cómo había seguido la historia pero yo preferí decirle que esas dos mujeres habían comentado lo bien que la habían pasado a la noche, que se habían ido a bailar y una de ellas, soltera, se había levantado a un joven de veinte añitos. Dorita se rió y salimos del consultorio.
Cuando volvíamos Dorita me comentó que tenía ganas de salir, de empezar a dejar el encierro que se había auto impuesto yo le dije que me parecía muy bien y la prefería sin peluca, ella mirándome seria y cambiando el tono me dijo: “No mentís bien, se te nota, pero igual me dieron ganas”.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Tonada de un nuevo amor


Julia era amiga de Dorita pero desde que se había quedado pelada no se animaba a visitarla hasta que por fin una noche apareció.
Ambas compartían el gusto por el arte así que cuando comenzó a contarle lo que había vivido aquella noche la vista desde el balcón se fue transformando en escenario a medida que se le escurrían las palabras en una verborragia atrapante.
Ya hacía un año que Julio Bocca dejaba la danza en un escenario en plena avenida de Julio al lado del Obelisco porteño. Julia quería ir a verlo y se fue temprano con su banquito en mano, se sentó y fue presenciando la llegada de tanta pero tanta gente que ya ese mismo acontecimiento le provocaba emoción.
Pasaron las horas hasta que por fin apareció en el escenario, Julia recordaba en detalle cómo habían bailado Cecilia Figaredo y Julio mientras Mercedes Sosa cantaba “Tonada del viejo amor”. Cuando uno no encuentra adjetivos para describir esa voz es porque ha logrado su cometido, se erige entonces como canción única, irrepetible, que perpetúa un silencio de goce.
Tanto la canción como el baile habían sido repetidos tantas veces pero la paradoja de ese momento consistía en sentirlas como auténticamente improvisadas para cada uno de los espectadores.
Y en cada momento de recuerdo la imagen se actualizaba, íbamos junto con Julia a ese momento al que ella había retornado tantas veces.
Pero esta vez había algo más, Julia interrumpió abruptamente su relato y la miró a Dorita, le pidió disculpas por no haberla acompañado en las sesiones de quimioterapia y prosiguió contando lo que le había pasado esa misma noche. En palabras de Julia: “No saben la cantidad de gente que había, yo había quedado en el medio de la multitud, bastante alejada del escenario y empecé a sentirme mal, tenía frío, así que me cubrí la cabeza con la capucha de la campera lo que provocó una gran irritación de los espectadores . Yo comencé a reírme, me di vuelta y mirándolos a los que estaban más cercas y más enojados les dije que estaba pelada y que el vientito me daba más frío. Las caras de estupor son graciosamente indescriptibles pero más divertido aún me resultaron los insultos de una chica que los catalogaba como bestias, animales, porque no se habían dado cuenta de mi situación”.
Dorita intentaba ocultar su cáncer, Julia había ocultado su cáncer pero Dorita y Julia se estaban acompañando y empezando a renovar esa antigua tonada que las había hecho tan unidas.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Retorno musical

No tenía un peso, lo que Dorita me daba lo usaba para mantenerme y a penas me alcanzaba. Pero los Fabulosos Cadillacs volvían a tocar y yo tenía ganas de volver a verlos.
A Dorita mucho no le gustaban pero comencé a explicarle que formaban parte de mi vida, que se habían adosado como banda sonora de muchos recuerdos.
Mi mamá me cantaba cuando era chica “Hay que sacarla, hay que sacarla, del pozo ciegoooooo”, después empecé la primaria y nos volvíamos locos con “Mal bicho” y “Raggapunkypartyrebelde”. Los primeros bailes, todos cantando las canciones, el patio de baldosas amarillas de la escuela, el olor a kerosene que pasaban para limpiar, el calor por el techo de chapa.
“Siguiendo la luna” era el momento para la emoción, para la ronda, para los abrazos.
A medida que iba creciendo apareció un “No quiero morir sin antes haber amado pero tampoco quiero morir de amor” de “Calaveras y diablitos” que sirvió de nickname para un incipiente MSN.
“Strawberry fields forever” revivió la emoción Beatle con toques de reggaee.
La última vez que los vi fue en parque Rivadavia, fue un concierto gratuito que vaticinaba una despedida. Bailamos, mucho pogo, una energía increíble terminaría al día siguiente con fiebre y anginas ¡y a mucha honra!
En el estadio River, el regreso Cadillac latía, a las voces del escenario que resonaban en los parlantes se le acoplaban cada una de esas voces que unidas se iban amplificando, en el campo las cabezas chiquititas se movían rítmicamente y en la platea algunas parejas lloraban abrazadas escuchando “Vos sabés”.
Cuando llegó “Carnaval toda la vida” Dorita, delgadísima, saltando contra mí, riéndose, con el pañuelo traspirado adhiriéndose a la cabeza, entendió mi emoción.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Invasión



Siempre habían estado ahí pero yo nunca las había visto. Algunas se paseaban tristes, otras orgullosas, exhibiéndose al viento, sin pudores.
Llamaban la atención, ellas, tan provocadoras.
¿Por qué nunca las había visto? La culpa la tenía Dorita, después de pasar juntas las quimios mi percepción se había modificado, ninguna pelada podía pasar desapercibida ante mi vista.
Quería hablarles, decirles que tengan fuerza pero sin duda mi percepción del cáncer estaba basada en un caso particular y su ampliación encontraría divergencias aunque también algunos puntos en común.
Ahora las miraba atentamente, trataba de percibir sus historias, de entrometerme mentalmente. ¿Quién sería para ellas? Quizás otra mirada de lástima, una de esas tantas condenatorias que apuntan con el dedo y dicen “Esa tiene cáncer, mirá como está, pobre…”. No lo podían saber, la corroboración era imposible ante mi silencio, no podía franquear ese pudor, tenía que seguir caminando y esperar porque quizás mañana u otro día me podría encontrar con otra.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Las chicas sólo quieren divertirse ¡y en la sesión de quimio!

Sentarse en el sillón para recibir la quimioterapia puede ser para muchos una verdadera tortura pero para otros el humor es una excelente terapia alternativa.
Ese era el caso de una mujer que acompañaba a su hijo. Ambos habían tenido cáncer pero se alejaban del lamento y la lágrima fácil y se divertían haciendo chistes. Con Dorita nunca nos habíamos reído tanto en una sesión.
La mujer nos comentó que le habían extraído una mama y como ella tenía grandes senos se había creado una prótesis casera con mijo, el experimento, nos comentaba, le había traído algunos inconvenientes. Por empezar, las palomas la seguían, ¡se querían comer la prótesis! (o, mejor dicho, el mijo) y cuando llovía se le hinchaba y ella decía que seguro “la teta se le iba a germinar”.
De una situación traumática había hecho una comedia que a nosotras nos divertía pero a algunos pacientes les producía disgusto, quizás estarían cansados de tantas aplicaciones pero yo lamentaba que no pudieran divertirse.

domingo, 16 de noviembre de 2008

¿Alegría?

Me encanta la Capital Federal, el centro porteño. Me gusta perderme en las calle mirando las molduras de los antiguos edificios. Me siento extranjera en mi propia ciudad, me olvido del tiempo, voy y vengo, llego a una avenida, doblo y hay una plaza, trato de no sacar el mapa, quién sabe a dónde puedo llegar.
Esta vez aparecí en un bar con grandes ventanas enmarcadas en madera pero con una oscuridad antigua. Entré, me tomé un café y ahí apareció un nene de unos doce años, un nene de la calle, pedía unas monedas y ni bien lo miré él se escondió atrás de una mesa. Pensé que era uno de esos juegos típicos en los que los chicos juegan a que no los ves, así que me reí y fingí no mirarlo, el se rió pero se volvió a agachar. Pensé que era algo divertido, que era una pequeña complicidad nuestra pero cuando el mozo se apareció y el nene no salía de atrás de la mesa entendí que me había equivocado. La inocencia de los chicos, de los chicos de la calle, sus propios simulacros de escape resultaban inadmisibles ante un mundo adulto que los expulsaba.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Accidente


Como Dorita tenía que hacerse la quimio en pocos días me dispuse a hacerle una comida bastante nutritiva con muchas verduras y algunas legumbres. Sin pesar que el zapallo era una verdura traicionera como pocas comencé a cortar la firme cáscara con el cuchillo pero como no estaba suficientemente afilado agarré un pelador de papas un poco oxidado. Con fuerza empecé sacar la cáscara pero el instrumento se resbaló, se zafó para dar de lleno en el dedo índice de mi otra mano que lo sostenía. Pensaba que era una herida común pero cuando empecé a ver la sangre que chorreaba me asusté bastante, grité y Dorita se apareció en la cocina.
Recordar/ fragmentación/ montaje mental: Imagen (sangre, dedo, resabio de dolor, miedo, más sangre, dedo debajo del agua, agua con sangre, bronca, mucha bronca, Pensamiento (bronca actualizada, ¿Cómo voy a seguir ayudando a Dorita?), Imagen (sangre) y Sonido (¿Qué te pasó? ¿Con qué te cortaste? Soy una bruta bestia animal)
Dorita muy tranquila me desinfectó el dedo, me apretó la herida con una gasa y salió corriendo a ponerse el pañuelo en la cabeza.
Yo: -¿Pero qué hacés?-
Dorita: -Nos vamos para el hospital, ya pido el remis-
Yo: -¿Nos vamos? Mirá que es el mediodía, ahora entra y sale mucha gente del edificio-
Dorita: -Te digo que te cambiés y nos vamos YA-
Salimos corriendo, Dorita con el pañuelo medio corrido, con un pedazo de cabeza pelada al aire. Esperando el ascensor se apareció el famoso vecino mala onda que se la quedó mirando:
Vecino: -¿Pero qué te pasó Dorita?-
Dorita: -Oíme una cosa, la ves a Valentina con el dedo apretado, lleno de sangre y me preguntás a mí que me pasa, ayudáme a llamar el ascensor que no viene-
El vecino se quedó atónito, angustiado, en un estupor duradero, Dorita empezó a gritar para que manden el ascensor y ni bien llegó se mandó a pesar de que estaba el portero con sus nenes. El impacto al verla no fue menor pero se preocupó por mi dedo y se ofreció a llevarnos al hospital.
Las caras de muchos vecinos denotaban tristeza y preocupación, las marcas de la cura del cáncer (porque eran las drogas y no el cáncer el que le provocaba la caída del pelo) cobraban en la mirada de los otros una visibilidad terrible, espantosa, que los enfrentaba con lo que creían era una muerte segura.
Los encuentros se fueron sucedieron y la inoportunidad de mi lastimadura se terminó convirtiendo en la primera salida oficial de Dorita.
Cuando llegamos al hospital yo no paraba de reírme mirándola a Dorita así, tan cambiada, con tanta fuerza, tanto carácter y cuando me preguntó que me pasaba le dije: “Como en El Padrino de Francis Ford Coppola, mejor que parezca un accidente”.

sábado, 25 de octubre de 2008

Oncólogo

El viernes me tocó acompañar a Dorita al oncólogo porque necesitaba la receta para hacerse los análisis de sangre. Con cada quimioterapia los niveles de plaquetas bajaban sustancialmente así que debía recuperarse para que le apliquen la próxima sesión.
En el décimo piso, Marcelo T. de Alvear, se abría una dimensión abstracta donde el dolor y el sufrimiento se potenciaban con condimentos de mucho humor e ironía. Esta vez me tocó presenciar el sufrimiento.
Una mujer muy bien vestida se me acercó, estaba junto a su marido, un hombre calmo y sereno pero con ojos perdidos. La mujer me comentó que el marido tenía un cáncer de próstata que le había hecho una metástasis en los huesos lo que le provocaba dificultades para caminar. Le comenté que acompañaba a Dorita, hablamos por varios minutos hasta que en un momento me comentó que la hija había tenido cáncer, y yo no sé porqué pero me estaba impermeabilizando ante el dolor de los demás así que comencé a hacerle preguntas. Quería saber si al menos pudo disfrutar los últimos momentos de su vida pero me dijo que no, que se la había llenado el cuerpo de tumores y que había dejado una hija (nieta). La abracé, le dije que trate de ser fuerte y sobreponerse. Uno en ese tipo de situaciones tiene un manual de términos habituales: “fue para mejor” o “mejor eso a sufrir” pero el lenguaje no es suficiente, lo indecible abre una brecha inconmensurable. Eso era lo que yo pensaba hasta que tuve que despedirla porque el oncólogo había llamado a Dorita y la mujer con los ojos llenos de lágrimas me dijo: “Chau hija, que tengas mucha suerte”.

domingo, 12 de octubre de 2008

Ladrido post-mortem



Shirley no era un animal común y corriente, sus ladridos invadían el edificio unas cuarenta veces al día pero había otro ruido casi imperceptible para algunos departamentos. Cuando alguien se asomaba al balcón esta perrita pequeña pero con ojos diabólicos saltaba para atrás y ladraba desenfrenadamente, el roce de sus patas con la cerámica provocaba un chillido insoportable.
Dorita se divertía molestándola para ver ese espectáculo, bastaba con provocarla con algún ruido en particular, como el de la bolsa de los broches o el de la manija plástica del balde para que comenzara el enloquecimiento.
Una vez me la crucé a la dueña de Shirley, me comentó que la perra había envejecido con el correr de los años y que temía por su vida. En ese momento mi estupor repentino se transformó en una idea, me imaginé a Shirley embalsamada con la boca abierta, mostrando los dientes y el ruido de sus ladridos proveniente de un equipo de música, también podríamos atarla y moverla hacia atrás para conmemorar sus ataques. Y lo peor es que se lo comenté a la dueña (una de las tantas veces que hablo sin pensar, sin filtrar) y ella, con los ojos llenos de lágrimas me dijo: “Es una buena idea, hace mucho que vengo pensando en embalsamarla, no soporto la idea de quedarme sin ella”.

lunes, 29 de septiembre de 2008

No sabés cuanto te extraño…


Cuando llegué temprano al departamento la vi a Dorita muy triste, angustiada. Otra vez insistí con que salga y por primera vez me animé a abrazarla, ella no sabía, pero a mí me costaba mucho, me angustiaba, me hacía sentir vulnerable. Dorita comenzó a llorar y cada vez me abrazaba con más fuerza, le dije que se calmara, que toda iba a estar bien, que faltaba un poco menos para terminar con la quimio pero ella no me respondía, cada vez lloraba con más fuerza.
Dorita enfrentaba su angustia, se sumergía, la lloraba. Cuanto se sentía un poco mejor decidí prepararle un budín energético que había inventado para que se reponga de la quimio porque las defensas bajaban mucho y se sentía muy débil.
Almendras y nueces al horno procesadas, harina, huevos, manteca, azúcar y muchas pasas de uva. El olor dulcísimo con toques navideños se expandía por el edificio. Lo particular de vivir en este tipo de edificaciones consistía en ir capturando olores y sonidos a medida que uno viajaba por el ascensor, una apropiación repentina.
Dorita necesitaba esos sabores para sacarse la acidez de tantos vómitos y de tanto encierro.
Ni bien lo probó se sonrió y me dijo que quizás me convenía ponerme una empresa gastronómica ¡y de ahí directo al canal Gourmet! Luego comenzó a decirme que le preocupaba que los jóvenes no consigan trabajo, lo difícil que era, ella a mi edad había logrado comprar el departamento junto su esposo y vivían bastante bien pese a las dificultades tan autóctonas de nuestro país. Para mí, como para tantos otros, eso era totalmente impensable, una utopía, hasta costaba alquilar así que ni pensar en comprar algo, por otro lado, también estaba la inestabilidad laboral, la dificultad de mantener un empleo estable.
La charla siguió entre budín y mate, evadiendo el sentimiento asfixiante de Dorita que movía sus dedos debajo del pañuelo, rascando su cabeza, buscando, añorando.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Perras

Las tardes de verano eran insoportables así que mientas Dorita descansaba debajo del ventilador de techo yo salía al balcón. Como vivía en un departamento interno, disfrutaba de la vista que tenían los que daban a la avenida.
Un día, al sentir a unos perritos ladrando con un sonido agudo y molesto, decidí tratar de ver donde estaban, miré, miré, pero nada, no los podía encontrar, hasta que mi vista se fijó en una terraza, la lindera al bar de enfrente. El lugar estaba lleno de objetos como tablones de madera y se destacaba un colchón destruído que les servía a los cachorros para esconderse y jugar. De repente se apareció una mujer obesa, con calzas color fucsia que le marcaban la figura, una remera que le levantaba su exuberante delantera, ojotas ruidosas y una palangana verde chillón que apoyó en un tablón. Acalorada, la mujer sacó repentinamente una bombacha color rosado de la palangana para disponerse a colgarla en la soga pero uno de los cachorros saltó y se la sacó de la mano, lo que provocó gran griterío, risas y la aparición de otras dos señoritas también con calzas que corrían como locas a los cachorros que destruían y masticaban la bombacha. Las corridas duraron hasta que una de ellas le pegó al cachorro y por fin logró sustraerle la prenda íntima en discordia.
Yo también empecé a tentarme, no podía creer lo que estaba viendo, era un acontecimiento fuera de lo cotidiano, como un pequeño cortometraje cómico al aire libre, gratis. Cuando le comenté a Dorita lo que acababa de ver me explicó que ahí enfrente estaba el nuevo prostíbulo del barrio, así que seguro esas eran las chicas que trabajaban y las que le compraban profilácticos a la vecina del kiosco que había incrementado notablemente sus ingresos.
Según parecía, la bonanza del barrio era notoria, Dorita había visto la transformación de los hombres que entraban disimulando e impacientes por la espera hasta que les abrieran, y salían apaciguados, sonrientes.
El prostíbulo nos daba a cada uno, a su manera, una alegría…

domingo, 14 de septiembre de 2008

A bordo, la inspiración

De tanto viajar en colectivo (para comprarle cosas a Dorita, para acompañarla al oncólogo, para buscar trabajo) fui percibiendo a mi alrededor situaciones que se me materializaron a través de poemas, aquí van:

Un peso cuarenta

De noche
Por el parabrisas
las lucecitas
y
la chica del colectivo
flequillito top
le habla
celular hecho mechón
“No sos mi novio
ni mi marido
No tengo porque darte
Ninguna explicación
Por una vez que viniste a casa…
¿pero qué te creés?”
el colectivero hace tiempo
y esa música romanticona
taladra

Continúa la escena
ella lo quiere dejar
(aunque no es la novia ni la esposa)
Ricky Martin dice que él la olvida y extraña
Pero yo pienso
tiene dos agujeros negros en los ojos
debe brillar
ese crazy diamond

Finjo no escuchar
la música
la voz chillona
el parece que la quiere
ella le corta el celular, le vuelve a cortar
Me mira
Intuye que le robo
Su historia
Me golpea con su carterita
Huye al primer asiento
Una foto
Se recuesta,
fila derecha
Las luces amarillas
Se suceden a la izquierda
El colectivo
en movimiento
la historia adherida
estas hojas

Se baja en Ciudadela
se escurre en las calle oscuras
(con las saqueos
se fue la luz de la verdulería)
la veo irse
la retengo
el colectivo,
mi mirada
un paneo hasta que se pierde
más oscuridad
pero de fundido a negro

Dos puntos:

Volviendo
A punto de llegar
El colectivo pegando la vuelta
La plaza
Los pibes
charlan
El MSN
Una chica

“¿Sabés que pasa?
la mina se acuerda de todo
el primer día que hablamos
lo que le dije
lo que me respondió
se acuerda de todo
pero yo,
yo no
la mina está enganchada
¿entendés?
Yo no me acuerdo”

La definición
el recuerdo
captura de afectos

[La imagen se forma
cuando la luz
entra en contacto con la película]

Dos adolescentes
Hablando
en vivo y en directo
Entre fierros
Ruidos
motor
Frenadas
Uno de ochenta (anacronismo)
Se atreven,
Conversando
Definen,
Se definen
La definen

Ella lo quiere
recordando
él
La olvida
Y sino toca timbre
Se le pasa la parada

lunes, 8 de septiembre de 2008

Sin trabajo

Diego, el hijo de Dorita, apareció en el departamento de sorpresa, como vivía en Pinamar se le hacía difícil cuidar a su mamá.
Pero esta vez no traía buenas noticias, lo habían echado y con cincuenta años le costaba mucho volver a conseguir trabajo. Dorita se indignó, para ella era joven, pero yo le expliqué que en el ámbito laboral tener cincuenta o más significaba ser viejo y, para demostrárselo, le leí un aviso:

INGENIEROS
Nos orientamos a Ingenieros mecánicos.
Asistirá directamente al Gerente de Construcciones.
Edad: entre 28 y 38 años.
Enviar CV a…

Dorita se resistía a creernos hasta que Diego le comentó las pocas entrevistas que había tenido: “La primera fue en una consultora de Mar del Plata, una chica joven comenzó a hacerme preguntas y luego terminó diciéndome que tenía demasiada experiencia para el puesto y que buscaban gente más joven. Después tuve una entrevista en una empresa y me dijeron que mi perfil no era el adecuado lo cual me sorprendió porque mi experiencia coincidía exactamente con lo que buscaban y, por último, llamé a una consultora porque ya había tenido una entrevista y me dijeron que la empresa había seleccionado a un candidato más joven.”.
Dorita, indignada le dijo: “Pero entonces, ¿Qué podés hacer? Porque no tenés la edad para jubilarte ni tan poco para trabajar, estás excluido del sistema, eso es muy injusto además de absurdo, con tu edad tenés más experiencia...”.
Diego la abrazó para decirle:
“¿Cómo andás vos viejita? estás más flaca pero el pañuelo te queda bárbaro, muy lindo look te hace, ¿Anduvo mejor la última quimio?”
Yo le expliqué: “Más o menos, seguimos con los vómitos, es difícil, pero ella se la banca muy bien, tiene mucha fuerza salvo para salir, tiene miedo de lo que digan los vecinos”
Diego: “Dejáte de hinchar mamá, salí, estás hermosa”
Dorita, interrumpiéndolo: “Me acabás de decir que estoy más flaca y encima, pelada, ¿Sabés la de pavadas que van a decir?, me van a preparar la corona para el velorio”.
Yo pensé que los tres estábamos socialmente jodidos: Dorita era para los demás un muerto vivo, llevaba las marcas del cáncer en su cuerpo, Diego acababa de convertirse en un desempleado, dejaría de ser el hombre que mantiene su hogar y yo, con veinticuatro años, no podía conseguir un trabajo fijo, era una vaga mantenida…
La canción del poeta Pablo Milanés, “Yo no te pido”, debía convertirse en nuestro lema:
“Y en el presente que me importa la gente si es que siempre van a hablar”.

domingo, 31 de agosto de 2008

Bolero


Hoy vino mi amiga del cuarto d porque Dorita está muy aburrida y las veces que se le había cruzado en el ascensor “siempre le había contado algún disparate”.
Dorita se tapó la pelada con un pañuelo de colores, el costo de que le cubriera la cabeza era un sudor insoportable pero esta vez creía que valía la pena y además era una forma de sentir que salía un poco del encierro del departamento.
El relato de Leonor no tardó aparecer, una vez que nos saludó se acomodó en sillón y nos dijo que se había ido a la plaza Morón para buscar unos botones que le había encargado la madre pero algo le había pasado, como siempre:
“Me perdí, no voy mucho a Morón y entonces viene bien desorientarse un poco, salir de la rutina. Quería botones pero terminé metida dentro de una casa de lanas, con mostradores de madera, esos que tienen vidrio y cajoncitos de madera que abren con dificultad los dueños viejos. El viejo encorvado y pelado era sin duda el jefe de hogar, el que sabía donde estaba cada cosa que uno podía llegar a precisar pero ese estaba atendiendo a una clienta entonces yo saqué el número y esperé hasta que el cartel electrónico me marcara el turno. Ese cartel de luces rojas, destructor de anacronismos, sonaba y sonaba según iban pasando las frenéticas clientas en busca del mejor precio y alta calidad. Pero había algo que me llamaba la atención, la música, a todo volumen, como los adolescentes con el rock o la cumbia, en este caso la rebeldía comercial venía de la mano del bolero. Una voz de mujer, la orquesta de fondo, esa guitarrita, las voces masculinas que van apareciendo acoplándose a esa otra voz que los atrae a fuerza de pura sensualidad”.
Leonor interrumpió su relato, se quedó como perdida hasta que Dorita le insistió para que siga contando:
“Es raro pero sentí una gran felicidad, como si el grupo entero apareciera de golpe entre las lanas y empezara a revolear las agujas número 5. La culpa de todo la tenía el volumen alto porque apaciguaba el ritmo de la compra y venta (mejor déme de otro color, ese no me gusta), el bolero te sacaba de ahí o venía para ahí.”
Dorita sintió ganas de escuchar boleros así que yo me comprometí a comprarle algún CD. Pero además me dijo que tenía ganas de salir del departamento, ir a Morón, incluso logré que se asome al pasillo pero inmediatamente pensó en que alguien la podría ver con los kilos de menos, las ojeras y la cabeza rapada.

martes, 26 de agosto de 2008

Adiós a los cabellos

Yo estaba medio deprimida y Dorita tampoco estaba muy alegre que digamos, extrañaba su melena dorada. En esos momentos decidía recordar todas las cosas que había pasado para tener una reflexión un poco más profunda y menos dolorosa.
Una de las drogas le iba a provocar la caída del pelo y al principio fue lo que más le preocupaba de la quimioterapia. La hoja de instrucciones del oncólogo advertía: “La pérdida de cabello (Alopecia) ES SIEMPRE REVERSIBLE” lo que Dorita traducía como: “se te va a caer, pero bueno, bancátela que después te crece”.
Al principio pensó que no se le iba a caer pero después de la segunda sesión, mientras se peinaba, comenzaron desaparecer los primeros mechones entonces decidió no bañarse, no tocarse mas, así no se le seguía cayendo. Yo insistía con pasarle la maquinita eléctrica y pelarla pero ella no quería y pensaba que esa era una forma de garantizar la posibilidad de seguir saliendo a pasear por el barrio y saludar a los vecinos.
Como la temperatura no bajaba, y la transpiración también iba en aumento, Dorita decidió lavarse el pelo. Mientras se me metía en la ducha yo me quedé en el living y pasados unos cinco minutos escuché gritos: “VENÍ, VENÍ, DALE, POR FAVORRRRRRRRRR”. Con bastante miedo me dirigí al baño y detrás de la cortina de la ducha se asomaba una mano con mechones de pelo. Dorita estaba triste, al no bañarse se le había enredado el pelo que se le iba cayendo, quedaba como una maraña.
Recién cuatro días después de ese episodio Dorita me llamó para que le corte los pocos pelos que le quedaban. Tenía que desprenderse de su antigua imagen, era una especie de ceremonia de despedida que yo ejecutaba con la maquinita en funcionamiento, a punto de pasársela por la cabeza.

domingo, 24 de agosto de 2008

Buscando

Mientras cuidaba a Dorita seguía buscando trabajo, quería ser periodista pero era complicado, mis amigos me decían que necesitaba contactos, gente conocida en el medio.
Una amiga y vecina, la del cuarto d, me comentó que había una presentación de un libro en una librería de Capital y como yo necesitaba despejarme, además de un poco de aire acondicionado, decidí ir. Gran sorpresa la mía cuando la vi a ella, la conductora del programa cultural que tanto me gustaba, parecía una tipa con buena onda.
Yo soy un poco tímida pero pensé que quizás podría hablar con esta mujer y pedirle trabajo, en una de esas...
Después del “buenas tardes" de rutina le dije directamente que quería trabajar con ella, formar parte del programa, que había estudiado algo de televisión pero recibí una inesperada respuesta:
“Muchos chicos estudian eso, se la pasan mandándome mails, ya me tienen cansada, ¿Sabés lo que pasa? acá no hay más trabajo, se tienen que ir al exterior, ¿Vos no pensaste en irte afuera?”.
Esta mujer no sólo se negaba a darme trabajo sino que además me estaba echando del país, toda una diva de la tarde cultural…
La buena onda quedaba atrapada al aire entre libros, charlas con grandes autores, sonrisas y elogios pero afuera “que no le hinchen las pelotas”.